El Pulso de la Minoridad en la Formación Práctica
Herramienta de autoevaluación y guía de conducta para formadores de la OFS y la JuFra
Herramienta de autoevaluación y guía de conducta para formadores de la OFS y la JuFra
"Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debía hacer..." — San Francisco de Asís
Este apartado no es un texto de lectura teórica, sino una herramienta de revisión personal. Te sugerimos revisarlo antes de cada sesión formativa o al final de mes para evaluar cómo estás ejerciendo tu ministerio de guía y acompañamiento.
Revisa estas preguntas de manera honesta antes de cada encuentro con tus hermanos en formación:
En la comunicación:
Evito: Imponer mi opinión como verdad absoluta, usar un tono doctoral o descalificar las dudas de los más jóvenes.
Practico: Dejar que los demás hablen primero, validar las preguntas difíciles y reconocer cuando no tengo una respuesta.
En el uso de la autoridad:
Evito: Sentirme dueño de la conciencia de los candidatos, vigilarlos en exceso o exigirles una obediencia ciega.
Practico: Fomentar la libertad interior, recordar que el verdadero maestro es el Espíritu Santo y actuar como un hermano mayor que acompaña.
En el manejo de los errores (propios y ajenos):
Evito: Guardar rencor, usar los tropiezos del pasado para señalar a alguien o hacerme el perfecto que nunca se equivoca.
Practico: Pedir perdón abiertamente a la fraternidad cuando cometo un error de actitud y acoger con paciencia los lentos procesos de conversión de los demás.
Cuando surjan tensiones, roces o soberbia en las sesiones formativas, aplica este filtro franciscano en lugar de reaccionar con autoritarismo:
Paso 1: Detén el juicio automático. Antes de calificar a un candidato de "rebelde" o "difícil", pregúntate: ¿Qué necesidad o herida hay detrás de esta actitud?
Paso 2: Privilegia el cara a cara. No corrijas ni expongas los errores de un hermano frente a todo el grupo de forma humillante. Acércate en privado, con respeto y desde la igualdad fraterna.
Paso 3: Baja el volumen del ego. Si alguien te ataca o cuestiona tu autoridad como formador, recuerda el espíritu de minoridad: no estás defendiendo un puesto político ni un título personal, sino sirviendo a un carisma de paz.
No busques aplausos: Tu mejor trabajo es silencioso, como la levadura en la masa.
Cierra los libros y abre los ojos: Atiende más a la vida real de tus hermanos que a los manuales abstractos.
No uniformes a nadie: Dios no busca fotocopias, busca vocaciones auténticas y diversas.
Ríete de ti mismo: La rigidez y el mal humor no son frutos del Espíritu Santo.
Aprende a decir "no sé": La humildad intelectual da más autoridad moral que mil títulos académicos.