Las Clarisas oran constantemente, y su oración se centra en la contemplación de Cristo y la unidad con la Pobreza de la Cruz. Santa Clara misma nos dejó preciosas formas de dirigirnos a Dios.
Esta es la forma más pura de la contemplación de Santa Clara: meditar en Jesucristo como un espejo. Puedes usarla al inicio de tu jornada o en un momento de pausa:
¡Oh, alma mía, mira cada día en este espejo: el Señor!
Mira el Comienzo: Su santa pobreza, cómo nació en un pesebre y vivió sin nada.
Mira el Centro: Su humildad y amor inefable. Medita en los dolores que sufrió por nuestra redención.
Mira el Fin: El abismo de su inmensa caridad, por la cual quiso morir en la Cruz.
Mira la Recompensa: La gloria celestial que te espera si sigues sus pasos con amor y perseverancia.
Mi alma, no ceses de mirarte en este espejo de Cristo, para que te transformes en Él. Amén.
Santa Clara luchó por el "Privilegio de la Pobreza," confiando totalmente en Dios para el sustento. Esta oración nos ayuda a entregar nuestras preocupaciones diarias:
Oh, Buen Jesús, Pobre y Humilde,
Tú que eres nuestra única riqueza, y para quien nada nos falta.
Te entrego mis afanes de este día (el trabajo, las cuentas, la salud...).
Enséñame a no aferrarme a las cosas que pasan, sino a tener mi corazón libre de toda posesión, para que solo Tú reines en mí.
Que tu Providencia, que viste a los lirios del campo, me baste y me sostenga.
Que mi única seguridad seas Tú. Amén.
Las Clarisas rezan por la fidelidad a sus votos. Nosotros, como laicos franciscanos, oramos por la fidelidad a nuestra vocación en el mundo:
Dios de Amor,
Que llamaste a Santa Clara a vivir la pobreza y la obediencia en el claustro.
Te pido la gracia de vivir mi vida laical con la misma radicalidad.
Que mi matrimonio sea un reflejo de tu amor.
Que mi trabajo sea un servicio de paz.
Que mi hogar sea una pequeña Porciúncula de oración.
No permitas que el mundo me separe de Ti, sino que yo te lleve al mundo con alegría. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Una breve plegaria antes de acostarse, inspirada en el recogimiento de la clausura:
Señor, en este silencio de la noche,
Cierro mis ojos al bullicio del mundo y abro mi corazón a tu Presencia.
Por intercesión de Santa Clara, bendice a mis hermanos y a toda tu Iglesia.
Que mi descanso sea una vela encendida para Ti. En tus manos encomiendo mi espíritu. Amén.