San Luis IX de Francia (1214-1270) es el modelo por excelencia de cómo la santidad y la piedad franciscana pueden vivirse en el más alto cargo político. Fue un monarca justo, pacífico y profundamente caritativo, reconocido como uno de los reyes más notables de la Edad Media.
Luis IX fue un hombre de fe intensa y de una devoción especial por San Francisco de Asís, cuyo movimiento era nuevo y vibrante en su época.
Tercera Orden Franciscana (OFS): Luis IX fue uno de los miembros más ilustres de la Tercera Orden de San Francisco (hoy la Orden Franciscana Seglar - OFS), tomando el compromiso de vivir el Evangelio al estilo de San Francisco. Se dice que fue el primer rey en unirse a esta orden laical.
Minoridad en la Corte: A pesar de su inmenso poder, mantuvo un estilo de vida personal austero y humilde, reflejando la minoridad franciscana. Vestía modestamente, incluso bajo sus vestiduras reales, y dedicaba horas a la oración.
Caridad en Acción: Su compromiso con los pobres era legendario. Frecuentemente servía a los leprosos y a los mendigos en su propia mesa e incluso lavaba los pies a los pobres. En su castillo, mantenía comedores donde diariamente alimentaba a cientos de personas.
La santidad de Luis IX se manifestó en su forma de gobernar. Su reinado se caracterizó por la justicia y la paz, en una época marcada por la crueldad y la guerra.
Juez Supremo: Era famoso por sentarse bajo un roble en Vincennes para impartir justicia directamente a sus súbditos, sin formalidades de corte, buscando la equidad sobre la letra estricta de la ley.
Promotor de la Paz: Se esforzó por mediar en conflictos internacionales, ganándose el respeto de otros monarcas.
Obras Notables: Fundó hospitales, como el famoso Hospital de los Quince-Veinte (para 300 ciegos), y la Sorbona, la famosa universidad de París. También construyó la Sainte-Chapelle en París, una joya gótica, para albergar reliquias de la Pasión, como la Corona de Espinas.
Luis IX lideró dos Cruzadas, la Séptima y la Octava, con el objetivo de recuperar los Santos Lugares, aunque ambas terminaron en fracaso y su muerte.
Murió en Túnez en 1270, durante la Octava Cruzada, víctima de la peste.
Fue canonizado por el Papa Bonifacio VIII en 1297. Su vida es un testimonio de que se puede ser un cristiano radical y un gobernante ejemplar, practicando la fe, la justicia y la caridad en el ejercicio del poder temporal.
Su fiesta se celebra el 25 de agosto.
Puedes consultar las laudes y vísperas propias aqui.