El Artículo 8 de la Regla de la OFS se enfoca en la dimensión contemplativa del franciscano seglar, asegurando que la vida activa y misionera (descrita en los artículos anteriores) tenga un sustento profundo. Este artículo nos recuerda que la fuente de toda la acción y el testimonio debe ser una relación filial y profunda con Dios.
Es el mandato de hacer de la oración el alma que da vida y sentido a todo nuestro ser y obrar en el mundo.
"Como Jesucristo fue el verdadero adorador del Padre, del mismo modo los Franciscanos seglares hagan de la oración y de la contemplación el alma del propio ser y del propio obrar."
El punto de partida de la vida de oración del franciscano no es una técnica, sino la persona de Cristo. Jesús, a pesar de su intensa actividad apostólica, dedicaba tiempo esencial a la comunicación con el Padre. Él es el "verdadero adorador del Padre":
Relación Filial: Cristo vive en una total dependencia y obediencia amorosa a la voluntad del Padre.
Prioridad Absoluta: Su misión estaba enraizada en Su constante comunión con Dios. El seglar, imitando esta actitud, debe asegurar que su vida con Dios no sea un apéndice, sino el fundamento de todo lo demás.
El corazón del artículo es la exigencia de hacer de la oración y la contemplación el "alma" de nuestra existencia. Esto tiene dos implicaciones clave:
Alma del Ser (Identidad): La oración debe ser la esencia que define quiénes somos. El franciscano debe ser un contemplativo en medio del mundo. Sin esta alma, la vida se convierte en un cuerpo sin vida, en una simple serie de actos externos sin espíritu.
Alma del Obrar (Misión): La oración debe inspirar e informar nuestras acciones. Las obras de caridad, el servicio, el trabajo y el apostolado no deben ser el resultado del activismo humano, sino la manifestación natural del amor de Dios que hemos recibido en la intimidad de la contemplación.
El artículo habla de dos pilares esenciales:
Oración: Se refiere a las prácticas concretas de diálogo con Dios: la lectura de la Escritura (Lectio Divina), la participación en la Liturgia de las Horas (recomendada en el Art. 9), y la oración vocal o mental. Es el diálogo activo con el Señor.
Contemplación: Es la forma más elevada de oración; una mirada amorosa y sencilla a Dios, permitiéndole a Él actuar en nuestro interior. Para el seglar, esta contemplación debe ser cultivada para que pueda prolongarse en las actividades cotidianas, llevando la paz y la presencia de Dios a la familia, el trabajo y la sociedad.
El Artículo 8 establece una verdad fundamental en el franciscanismo: el apostolado efectivo brota de la contemplación humilde. Solo al hacer de la oración la fuente y el alma de la vida se puede seguir auténticamente a Cristo en el mundo, al estilo de Francisco de Asís.
Pregunta para la reflexión: ¿Encuentro un equilibrio entre mis responsabilidades diarias y los "tiempos fuertes" de oración y recogimiento, o mi activismo ha ahogado el alma de mi ser?
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