El Artículo 9 de la Regla de la Orden Franciscana Seglar (OFS) centra la atención en la Virgen María, destacando Su papel como modelo de fe y Su importancia en la espiritualidad franciscana.
Este artículo establece la relación que el seglar debe tener con María, basada en la imitación de Sus virtudes y en una oración filial y consciente.
"La Virgen María, humilde sierva del Señor, siempre atenta a su palabra y a todas sus mociones, fue para San Francisco centro de indecible amor, y por él declarada Protectora y Abogada de su familia. Los Franciscanos seglares den testimonio de su ardiente amor hacia Ella, por la imitación de su disponibilidad incondicional, y en la efusión de una confiada y consciente oración."
El artículo comienza reafirmando el vínculo indisoluble entre San Francisco y la Madre de Dios:
Centro de Indecible Amor: Francisco tuvo una devoción especial por la Virgen. La consideraba la "Madre de Jesús" y la "esposa del Espíritu Santo".
Protectora y Abogada: El mismo Francisco la proclamó Protectora y Abogada de toda la familia franciscana. La OFS, como rama de esa familia, se acoge bajo Su manto.
El amor a María no es solo devocional, sino práctico y existencial. El franciscano seglar debe expresar su amor a María de dos formas clave:
Imitación de su Disponibilidad Incondicional: La cualidad más destacada de María es Su "Hágase" (Fiat), Su entrega total a la voluntad de Dios (Lc 1, 38). El seglar es invitado a imitar esta disponibilidad incondicional en su vida secular: estar siempre atentos a la Palabra de Dios y a Sus mociones, y responder con prontitud en el seno de la familia, el trabajo y la sociedad.
Atenta a su Palabra y a todas sus Mociones: María es el modelo de la perfecta oyente de la Palabra. Su fe se nutre de la escucha del Evangelio, que es la misma esencia de la Regla de la OFS.
El segundo componente para expresar el amor a María es la oración:
Oración Confiada y Consciente: Esto se refiere a una devoción mariana madura, que no se limita a la repetición mecánica de fórmulas, sino que surge de la fe profunda y la conciencia de Su papel en la obra de la Salvación.
Testimonio de Amor: La devoción mariana debe llevar a un testimonio de vida. Al imitar Sus virtudes (humildad, sencillez, fe), el franciscano seglar da un testimonio tangible de su amor por Ella.
En resumen, el Artículo 9 integra la devoción mariana en el centro de la vocación, pasando de ser un simple acto piadoso a convertirse en un modelo de vida evangélica activa en el mundo, tal como lo deseaba San Francisco.
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