Hemos explorado la pasión de Francisco en su Regla no Bulada, ese llamado a vivir el Evangelio sin medidas. Ahora, la gran pregunta es: ¿cómo aterriza esa radicalidad evangélica en nuestro día a día, como laicos inmersos en el mundo, con familia, trabajo y facturas que pagar?
La vida de un laico franciscano es una forma de ser radical en lo ordinario.
La radicalidad de Francisco no es vivir bajo un puente, sino tener el corazón libre de apegos. La pobreza es, ante todo, una virtud espiritual.
No poseer, sino usar: Cultivamos el desapego (el corazón libre). Usamos los bienes (casa, auto, móvil) para el servicio a Dios y al prójimo, no para la vanidad o la acumulación. La radicalidad está en evitar el consumismo innecesario.
Confianza en la Providencia: Vivimos con sencillez. Administramos el dinero con justicia, dedicando una parte significativa al necesitado. Entendemos que el dinero es un medio, no un fin. La radicalidad es confiar más en Dios que en la cuenta bancaria.
Trabajo Humilde: Vemos el trabajo (sea cual sea) como una bendición y servicio, no como una carrera por el poder o la riqueza. Somos honestos y justos en cada tarea, dando buen ejemplo.
Conclusión: Sé radicalmente pobre gestionando tus bienes con espíritu de servicio y libertad interior.
Francisco quiso que sus hermanos vivieran como una familia. Nosotros somos llamados a ser constructores de paz en nuestro entorno más inmediato.
Vivir en Comunión: La radicalidad es construir la comunión en la familia, la parroquia y la Fraternidad OFS. Dejamos de lado el individualismo para priorizar el compartir la fe y la vida con los hermanos.
Instrumentos de Paz Activos: Somos los primeros en buscar la reconciliación en conflictos familiares o laborales. Hablamos siempre con caridad y mansedumbre, incluso cuando debemos corregir. La radicalidad es ser la Paz, antes de hablar de Paz.
Servicio a los Últimos: Vemos y atendemos al "último" que encontramos: el vecino anciano, el compañero de trabajo solo, el que sufre. La caridad radical no es solo dar dinero, es invertir tiempo y presencia.
Conclusión: Sé radicalmente hermano haciendo de tu casa y tu trabajo un lugar de acogida y paz.
La vida radical de Francisco nacía de su profundo encuentro con Cristo Crucificado y Pobre. Esta es la fuente de nuestra fuerza.
Oración Fiel: Separamos un tiempo fijo y de calidad cada día (nuestro "desierto" franciscano) para la meditación del Evangelio. La radicalidad es hacer de las pequeñas tareas oraciones, ofreciendo el trabajo, la limpieza o el viaje.
Amor a la Creación (JPIC): Vivimos la ecología integral. Consumimos responsablemente. Cuidamos el agua y reducimos los residuos. Vemos la naturaleza no como un recurso, sino como una "hermana" que debe ser respetada, tal como nos enseña el magisterio franciscano.
Predicar con el Ejemplo: Nuestra misión más radical es el testimonio de vida. La mayor predicación es la sencillez, la alegría y la humildad con la que vivimos. La radicalidad es que la gente se pregunte el motivo de tu esperanza.
La radicalidad evangélica del laico franciscano se resume en esto: permanecer en el mundo, pero sin ser del mundo, transformando lo cotidiano con la alegría y la sencillez de Jesús. ¡Es un camino de aventura para valientes!
¡Paz y Bien!