El Artículo 15 es donde nuestra vocación franciscana seglar explota con toda su fuerza en la vida pública y social. Si el Artículo 14 nos santificaba a través del trabajo, el 15 nos llama a transformar el mundo con la justicia y la paz.
Este artículo nos sitúa firmemente en el compromiso de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC), que es un pilar fundamental de todo el carisma franciscano hoy.
El texto dice:
Estén presentes con el testimonio de su vida humana y también con iniciativas eficaces, tanto individuales como comunitarias, en la promoción de la justicia, particularmente en el ámbito de la vida pública; empéñense en opciones concretas y coherentes con su fe.
Nuestra vocación no es solo de piedad privada. La Regla nos lanza al mundo, específicamente a la vida pública:
No somos Monjes en el Siglo: A diferencia de la Primera Orden o las Hermanas Clarisas, nosotros vivimos en nuestras casas, en el matrimonio, en la política, la educación, la sanidad, etc. Nuestro claustro es el mundo.
Testimonio de Vida: Primero, nuestra presencia debe ser un testimonio silencioso, pero evidente, de que es posible vivir el Evangelio en un ambiente secular. Si somos honestos, respetuosos y serviciales en nuestro vecindario o trabajo, ya estamos evangelizando.
Iniciativas Eficaces: Pero el artículo no se queda ahí. Nos pide ir más allá del testimonio individual y comprometernos con iniciativas eficaces, tanto solas como en Fraternidad, para mover las estructuras sociales hacia la justicia.
Para un franciscano, la justicia nunca puede separarse de la caridad y la sencillez.
Opción por los Últimos: Seguir a Cristo Pobre y Crucificado nos obliga a una solidaridad activa con los que sufren. La justicia, para nosotros, significa levantar la voz por los explotados, los marginados y los que son víctimas de la indiferencia.
El ámbito de la Política: La Regla nos recuerda que la justicia se promueve "particularmente en el ámbito de la vida pública". Esto nos desafía a todos: a los que son funcionarios, a los que votan, a los que participan en un sindicato o a los que defienden los derechos humanos. Debemos "empéñense en opciones concretas y coherentes con su fe". Esto implica formarse, informarse y tomar decisiones valientes, a veces contra la corriente.
San Francisco era el gran Mensajero de la Paz. Este artículo nos impulsa a heredar ese carisma:
La Paz es Fruto de la Justicia: No podemos ser "portadores de la Paz" si no luchamos por la justicia. Una paz basada en la opresión o la desigualdad no es la Paz de Cristo.
Paz en la Familia y el Entorno: Nuestro primer campo de batalla es nuestro propio corazón, luego la familia y la Fraternidad. La paz que llevamos al mundo nace de la paz que vivimos y cultivamos en nuestros ambientes más cercanos.
La No-Violencia Activa: Somos discípulos de quien dijo "La paz que yo os doy no es la paz del mundo". Como dice la tradición franciscana, la renuncia al uso de la violencia no es pasividad, sino una forma de acción inspirada en el amor cristiano (como dicen nuestras Constituciones Generales en el comentario a este artículo).
En definitiva, ¡hermano/a!, el Artículo 15 es nuestro mandato para hacer del mundo, con la fuerza del Evangelio, un lugar que se parezca más al Reino de Dios. Es el llamado a ser fermento y levadura en medio de la masa, para que la justicia y la paz de Cristo reinen en la sociedad.