La figura de San Gerardo de Lunelio (Lunel, Francia, c. 1275 – Montesanto, Italia, c. 1298) es un ejemplo conmovedor del ideal de la penitencia y el peregrinaje que caracterizó a los primeros miembros de la Tercera Orden de San Francisco (OFS).
A diferencia de otros santos franciscanos seglares que desarrollaron su vocación en sus ciudades natales, Gerardo abrazó la forma de vida del peregrino mendicante.
Orígenes y Vocación: Gerardo nació en Lunel, en la región de Languedoc, Francia, en el seno de una familia noble. Sin embargo, abandonó su riqueza y posición social para vivir radicalmente el Evangelio.
Hermano de la Penitencia: Adoptó el estilo de vida de los "Hermanos y Hermanas de la Penitencia" (antiguo nombre de la OFS), dedicándose a una vida de gran austeridad, limosna y humildad. Su fe no era estática, sino itinerante, buscando la perfección a través de la peregrinación continua.
El Peregrinaje Franciscano: Su vida fue un constante viaje. Peregrinó por diversas partes de Italia, siendo reconocido por su fervor, su profunda espiritualidad y su total desapego de los bienes terrenales. Esta forma de vida itinerante reflejaba el espíritu de los primeros franciscanos, que no tenían un hogar fijo y se sentían "peregrinos y extranjeros" en este mundo. Murió muy joven en Montesanto, Italia (en la región de Marcas).
Debido a su vida de anonimato y peregrinación, los datos precisos sobre sus milagros y su muerte son escasos, pero la Iglesia ha honrado su culto desde la antigüedad, centrándose en el testimonio de su vida:
Muerte en la Juventud: Gerardo falleció con apenas 23 años, alrededor del año 1298, en Montesanto. Aunque su vida fue breve, el impacto de su santidad se extendió rápidamente.
Culto Confirmado: Su culto fue confirmado por la Sede Apostólica, siendo reconocido como Beato (su título oficial es Beato Gerardo) por su vida ejemplar de penitencia y caridad. Los Papas Benedicto XIV y Pío VI estuvieron involucrados en la aprobación o extensión de su veneración. Su santidad no se basó en grandes prodigios públicos, sino en la perfecta imitación de Cristo pobre y peregrino, el mayor de los milagros para la espiritualidad franciscana.
San Gerardo de Lunelio es el patrón de la sencillez y el desapego. Su vida es un recordatorio de que la vida franciscana seglar:
Es un camino de despojo: Nos llama a desprendernos de las comodidades y riquezas del mundo para encontrar nuestra verdadera seguridad solo en Dios.
Se vive en la sencillez: Muestra que no se necesita fundar grandes obras para ser un gran santo, sino vivir una vida simple y humilde.
Es una búsqueda constante: La vida es una peregrinación hacia la Casa del Padre, y el terciario franciscano debe caminar con el corazón ligero, desapegado de lo mundano.
A San Gerardo de Lunelio, peregrino y penitente francés (cuya fiesta se celebra el 25 de mayo), le corresponde la celebración de Memoria Libre en el Santoral Franciscano.