Publicado originalmente en revista Ideales Franciscanos
Desde 2011, el Consejo Internacional de la Orden Franciscana Seglar (CIOFS) ha estado trabajando en una propuesta unificadora de sustituir el hábito tradicional con la Tau como símbolo distintivo para todos los franciscanos seglares del mundo. Esta decisión no es simplemente un cambio de vestimenta; representa un esfuerzo por unificar la imagen de la Orden y evitar confusiones con los hábitos religiosos de los frailes y monjas. La Tau, símbolo de cruz y redención, encarna la humildad y el compromiso de San Francisco con la fe y la humanidad. Sin embargo, este cambio ha generado un debate apasionado en México.
En nuestro país, el hábito franciscano seglar tiene raíces profundas. Actualmente, el hábito se compone de un escapulario con las cinco llagas de Cristo al frente y una cruz roja en la parte trasera, acompañado de una cuerda con tres nudos que simbolizan las promesas de pobreza, obediencia y castidad. Para muchos miembros de la OFS, el hábito no es solo una vestimenta, sino un emblema de pertenencia, identidad y tradición, una conexión visible con los valores de San Francisco y con generaciones anteriores que llevaron el hábito con orgullo y devoción.
México es un país donde las tradiciones religiosas y las vestimentas juegan un papel crucial en la vida espiritual y social. El hábito franciscano en la OFS es una expresión de fe vivida y compartida. La propuesta de eliminar el hábito en favor de la Tau ha generado sentimientos encontrados, pues algunos miembros sienten que esta medida podría diluir la expresión de su fe y desconectar a las nuevas generaciones de sus raíces espirituales.
Además, el debate incluye la percepción de una motivación eurocentrista detrás de la propuesta del CIOFS. Mientras que en Europa es común el uso de la Tau, algunas fraternidades, por ejemplo, utilizan una capa con apariencia de hábito religioso. Es importante entender que los hermanos buscan símbolos que fortalezcan la identidad y pertenencia dentro de la OFS, que una Tau por si sola no puede ofrecer.
Frente a la presión del CIOFS, la Junta Ejecutiva Nacional (JEN) de la OFS en México ha enviado a todas las fraternidades locales una recolección de firmas para expresar su descontento. Sin embargo, esta iniciativa presenta varios desafíos:
Si el CIOFS apela a la obediencia, es impensable para franciscano negarse a cumplir con una de las promesas de su profesión, a menos que la medida afecte directamente su alma.
La Asamblea Nacional, que incluye al Consejo Nacional y los ministros y vocales regionales, es el único órgano con autoridad para modificar el Estatuto Nacional, por lo que la recolección de firmas carece de validez jurídica. Y pareciera que se usa el descontento de la Fraternidad Nacional para suplir la carencia de carácter por parte de la Asamblea Nacional y la JEN de defender lo que creen correcto.
Coordinar y promover la recolección de firmas podría interpretarse como un acto de desobediencia, aunque esté bien intencionado.
Este debate es una oportunidad para reflexionar sobre la identidad franciscana en el siglo XXI. ¿Cómo pueden los franciscanos seglares mantener su compromiso con los valores de la Orden mientras se adaptan a los cambios propuestos por el CIOFS? ¿Es posible encontrar un equilibrio que respete tanto la tradición como la unidad global?
Una posible solución es fomentar un diálogo razonado y vocacional sobre el uso de los signos y la promoción de la identidad franciscana. Es crucial que los órganos de gobierno defiendan lo que consideran correcto, y en caso de implementar las modificaciones, que se acepten con obediencia amorosa, buscando siempre alternativas para fortalecer la identidad del franciscano seglar.
El futuro de la OFS en México, y en el mundo, dependerá de la capacidad de sus miembros para dialogar y encontrar un camino que honre tanto la tradición como la evolución. La identidad franciscana no se define solo por símbolos externos, sino por un compromiso interno: humildad, amor y servicio a los demás. Al final, lo más importante es que cada franciscano, ya sea vistiendo hábito o llevando la Tau, viva su fe con autenticidad y devoción.