El Artículo 18 de la Regla de la Orden Franciscana Seglar (OFS) es la culminación de nuestra vida interior y el punto de partida de toda nuestra acción en el mundo. Se centra en la oración y la vida litúrgica, que deben ser el alma de nuestra existencia.
El texto es conciso pero profundo, y nos integra en la vida de oración de toda la Iglesia:
Hagan de la oración y de la contemplación el alma de su vida y de su obrar, a ejemplo de San Francisco, quien hizo del Evangelio el inspirador y centro de su vida con Dios y con los hombres.
Participen en la vida litúrgica de la Iglesia, uniéndose sobre todo a la Eucaristía, e inviertan la oración personal en la devoción a la Santísima Virgen María, siguiendo la tradición franciscana, a la vez que a sus santos patrones.
La primera frase nos da el fundamento de toda nuestra espiritualidad:
Oración y Contemplación: Deben ser el "alma de su vida y de su obrar". Esto significa que nuestra acción en el mundo (Art. 15) y nuestro trabajo (Art. 14) deben nacer de un encuentro profundo con Dios en el silencio y la reflexión. No se trata de hacer mucha oración, sino de ser personas de oración.
A Ejemplo de San Francisco: El Seráfico Padre nos enseñó que la forma más elevada de oración es la vida evangélica misma. Para él, el Evangelio era el "inspirador y centro" de su vida, y por eso, su vida entera era una alabanza a Dios.
Para el franciscano seglar, la vida de oración tiene su fuente principal en la liturgia de la Iglesia:
La Eucaristía: Se destaca nuestra unión con la Eucaristía, que es "fuente y cumbre de toda la vida cristiana". La comunión con el Cuerpo de Cristo nos fortalece para la misión en el mundo.
Oración de la Iglesia: Los franciscanos seglares están invitados a rezar la Liturgia de las Horas, en la medida de lo posible, para unir su oración a la de Cristo y a la de toda la comunidad eclesial.
La tradición franciscana nos pide incluir dos elementos devocionales esenciales:
La Santísima Virgen María: La devoción a María, la Inmaculada, es una herencia de San Francisco, que la amó como "Madre de Jesús y Reina de los hombres". Ella es el modelo de la perfecta oyente del Evangelio, y por tanto, modelo de la vida franciscana.
Santos Patrones: Incluye el recuerdo y la intercesión de nuestros santos patrones (San Francisco, Santa Clara y otros santos franciscanos), quienes nos muestran cómo se vive el Evangelio en la vida concreta.
En resumen, ¡hermano/a!, el Art. 18 es el motor de todo nuestro ser en la OFS: la oración incesante y profunda alimenta el espíritu de servicio y minoridad, haciéndonos verdaderos portadores de Cristo en el mundo.