El Artículo 11 establece la forma específica en que el franciscano seglar debe vivir el espíritu de pobreza de San Francisco, adaptado a su vida en el mundo. El núcleo de este compromiso es desarrollar una justa relación con los bienes materiales y una actitud de desapego.
El artículo inicia con el ejemplo fundamental:
Cristo y María como Modelo: Jesús y María eligieron una vida pobre y humilde, aunque apreciaban las realidades creadas. Esto significa que la pobreza franciscana no es un desprecio por la creación, sino una elección de estilo de vida que prioriza los valores espirituales sobre la riqueza.
Apreciación vs. Posesión: El seglar debe imitar a Cristo apreciando las realidades creadas, pero no buscando el apego o la posesión de ellas.
El artículo define el compromiso del seglar en tres aspectos prácticos:
Justa Relación con los Bienes: El franciscano seglar debe buscar en el desapego y en el uso una justa relación con los bienes terrenos. Esto implica el uso de los bienes de manera responsable y no posesiva, evitando el consumismo y el lujo.
Simplificación de Exigencias: Deben simplificar las propias exigencias materiales. Este es el corazón de la pobreza práctica del seglar: reducir las necesidades superfluas para vivir con sobriedad y sencillez, liberándose de la esclavitud de las posesiones.
Administradores, No Dueños: Deben ser conscientes de ser administradores de los bienes recibidos, en favor de los hijos de Dios. Esto transforma la propiedad privada en un servicio. Los bienes económicos y materiales no son solo para uso personal, sino herramientas que Dios confía al seglar para compartirlas, especialmente con los pobres.
El artículo culmina con la motivación espiritual de este desapego:
Espíritu de las Bienaventuranzas: El esfuerzo por purificar el corazón se enmarca en el espíritu de las Bienaventuranzas (Mt 5:3), donde Jesús proclama dichosos a los pobres de espíritu.
Purificación del Corazón: Deben esforzarse en purificar el corazón de toda tendencia y deseo de posesión y de dominio. La pobreza es, ante todo, una actitud interior que combate el egoísmo y la avaricia.
Peregrinos y Forasteros: Finalmente, se ven a sí mismos como "peregrinos y forasteros en el camino hacia la casa del Padre". Esta imagen franciscana recuerda que la vida terrenal es temporal y que su verdadera riqueza está en el Reino de Dios. El desapego facilita el camino, liberando al seglar de las ataduras mundanas.
En esencia, el Art. 11 enseña que el seglar franciscano vive la pobreza no yendo a un convento, sino transformando su hogar y su trabajo en un lugar de sobriedad, sencillez, y caridad, donde los bienes son administrados para el bien común, con el corazón libre de la sed de poseer.