RITO DE RENOVACIÓN DE LA PROFESIÓN O.F.S.
(16 DE ABRIL)
FÓRMULA DE RENOVACIÓN
PRESIDENTE: Señor, Dios nuestro, yo, a nombre mío y de mis hermanos, aquí presentes, doy gracias a tú infinita Majestad, por el singular beneficio, de habernos llamado a vivir tu Evangelio, a estar en tu servicio y de compartir nuestra vocación dentro de la Orden Franciscana Seglar.
Nos reunimos todos a la recitación de la formula, diciendo.
Nos dolemos de todo corazón por no haber respondido satisfactoriamente a esta gracia y por haber sido ingratos a tan gran beneficio. Detestamos todas las trasgresiones y negligencias que hayamos cometido en este estado, y, a fin de obtener un verdadero espíritu de renovación, nosotros, hermanos seglares [cada uno dice su nombre y luego se continua], una vez mas, por todo el tiempo de nuestra vida, prometemos al Dios todopoderoso, a la bienaventurado Padre San Francisco y a todos los santos, guardar la Regla de la Orden Franciscana Seglar, viviendo en obediencia y en fraternidad.
Deseamos que este acto de renovación de nuestro compromiso, ante la Santísima Trinidad, sea grato y valido, dure siempre y este presente en lo más profundo de nosotros y lo renovemos y cumplamos perfectamente por todo el tiempo de nuestra vida.
Pero, como nos reconocemos muy débiles y enfermos, para cumplir fielmente este compromiso, te rogamos, oh buen Jesús, que nos diste la voluntad de emitirlo, nos des también la facultad de cumplirlo, y te dignes dirigirnos de tal manera que ya no vivamos para si, sino solo para Ti, y abracemos con gran diligencia todas las prescripciones de la Orden y todo lo que pueda favorecer a la perfección de nuestra alma; todo para mayor gloria de tu Nombre, que eres el Dios bendito por los siglos. Amén.
ASISTENTE: Oremos: Te rogamos, Señor, que guardes a esta Fraternidad con tu constante misericordia, a fin de que ella, que únicamente se apoya en la esperanza de tu celestial gracia, sea siempre fortalecida con tu protección.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
PRESIDENTE: Oh Dios, cuya misericordia no tiene límite e infinito es el tesoro de tu bondad. Damos gracias a tu Purísima Majestad por los favores recibidos, suplicando siempre a tu clemencia que, ya que concedes lo deseado a los que piden, no abandonándolos jamás, los prepares para los premios futuros.
Señor Jesucristo, que renovaste en la carne del bienaventurado Francisco las sagradas llagas de tu Pasión, en tiempo en que el mundo se hallaba tibio y frio para contigo, a fin de inflamar nuestros corazones en el fuego del amor divino, concédenos que, por sus méritos y ruegos, llevemos tu cruz de continuo y
hagamos dignos frutos de penitencia. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos.
TODOS: Amén.
ASISTENTE: Que el auxilio divino permanezca siempre con ustedes. TODOS: Demos gracias a Dios.