TEXTOS DE LIBRE ELECCIÓN PARA EL RITO DEL COMPROMISO DE VIDA EVANGÉLICA

 

A)                  Primera lectura

 

1.                   «Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Gálatas. 6, 14-18.

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva.

La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre Israel. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo está con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Palabra de Dios.

Todos:

Gloria y honor a ti Señor Jesús.

 

2.                   «Nos ha destinado, en la persona de Cristo, a ser sus hijos» Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios. 1, 3-10.

Hermanos: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo -antes de crear el mundo para que fuésemos consagrados e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo por pura iniciativa suya - a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Palabra de Dios.

 

Todos:

Gloria y honor a ti Señor Jesús.


3.                  Colosenses, 3, 9-17: «Por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada».

 

Hermanos: No sigáis engañándoos unos a otros...

 

4.                   1.ª de San Pedro, 2, 9-17: «Vuestra conducta entre los gentiles sea buena».

 

Hermanos: Ustedes son una raza elegida... (Hasta: Temed a Dios)

5.                   Santiago, 2, 12-18: «La fe, si no tiene obras, está muerta».

 

Hermanos: Hablen y actúen así...

 

6.                1.ª Corintios, 12, 4-11: «En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común».

 

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Señor...208

 

B)                  Salmos responsoriales

7.                   Salmo 15, 1-2ª y 5, 7-8.11: «Tú eres, Señor, el lote de mi heredad».

 

V/.      Tú eres, Señor, mi heredad.

R/.      Tú eres, Señor, mi heredad.

 

1.                   Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

R/.      Tú eres, Señor, mi heredad.

2.                   Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor,

con Él a mi derecha no vacilaré.

R/.      Tú eres, Señor, mi heredad.

 

3.                   Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

R/.      Tú eres, Señor, mi heredad.

 

8.                   Salmo 97, 1-4: «Tañed la cítara para el Señor, porque nos ha revelado su salvación».

 

V/.      El Señor revela a las naciones su justicia.

R/.      El Señor revela a las naciones su justicia.

 

1.                   Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.


R/.      El Señor revela a las naciones su justicia.

 

2.                   Su diestra le ha dado la victoria, revela a las naciones su justicia:

se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

R/.      El Señor revela a las naciones su justicia.

 

3.                   Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Aclamad al Señor tierra entera, gritad, vitoread, tocad.

R/.      El Señor revela a las naciones su justicia.

 

9.                   Salmo 132

«Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios»

 

10.               Salmo 36, 3-4, 5-6, 30-31

«El justo lleva en el corazón la ley de su Dios»

11.               Salmo 24, 2-5, 8-10

«Señor, enséñame tus caminos»

 

12.               Salmo 91, 2-3, 6-7, 13-14

«Qué magníficas son tus obras, Señor».

 

C)                  Aleluya y versículos antes del Evangelio

13.               Filipenses 1, 21 Aleluya, aleluya.

Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Aleluya.

14.               Mateo 11, 25 Aleluya, aleluya.

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra,

porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.

Aleluya.

 

15.               Colosenses 3, 14-15

 

Aleluya, aleluya.

Por encima de todo,


tened amor,

que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo

actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya.

 

16.               Lucas 10, 1-9

 

Aleluya, aleluya.

Id y anunciad a las naciones:

«El Señor dice, se acerca el Reino de Dios». Aleluya.

 

17.               Juan 15, 8

 

Aleluya, aleluya.

Con esto recibe gloria mi Padre:

con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Aleluya.

18.               Salmo 132, 1 Aleluya, aleluya.

¡Qué dulzura, qué delicia

convivir los hermanos unidos! Aleluya.

 

D)  Evangelios

19.               «Dichosos los pobres en el espíritu, los sufridos, los misericordiosos...».

 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo. 5, 1-12.

 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y Él se puso a hablar, enseñándolos:

 

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios». Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra de Dios.


Todos:

Gloria y honor a Ti, Señor Jesús.

 

20.               «Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla».

 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo. 11, 20-30

 

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos los milagros, porque no se habían convertido:

¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

 

Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

 

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Palabra de Dios.

 

Todos:

Gloria y honor a Ti, Señor Jesús.

 

21.              Mateo 12, 46-50: «E1 que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre»

 

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente...

 

22.               Lucas 10, 1-9: «Vayan y miren que los mando».

 

En aquel tiempo, designó el Señor...

23.               Juan 15, 1-8: «Con esto recibe gloria mi Padre, con que den ustedes fruto abundante» En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la vid verdadera...

24.               Juan 17, 20-26: «Todos sean uno, corno tú, Padre, en mí y yo en ti»

 

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús dijo:

-No sólo por ellos ruego...



LECTURAS FRANCISCANAS

7.                  En las reuniones de Fraternidad, sobre todo en las ordinarias, y en la celebración del capítulo, para ofrecer temas de reflexión a los hermanos, conviene usar los escritos de San Francisco, u otros textos tomados de fuentes franciscanas.

 

Por ejemplo:

 

Los que hacen penitencia.

a)                  Exhortaciones generales. (San Francisco de Asís, Escritos, Biografías, Documentos de la época, BAC. 1985, nn 22-27, p 56)

De la carta de nuestro Padre San Francisco a todos los fieles….

 

Hermanos: Debemos confesar todos nuestros pecados al sacerdote; y recibamos de él el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Quien no come su carne y bebe su sangre (Cf. Jn 6,55,574) no puede entrar en el Reino de Dios. (Cf. Jn 3,5) Pero, cómalo y bébalo dignamente, porque quien lo recibe indignamente, come y bebe su propia sentencia no reconociendo el cuerpo del Señor, (1 Cor 11, 29) es decir, sin discernirlo.

 

Hagamos además, frutos dignos de penitencia. (Lc. 3,8) Y amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos (Cf. Mt. 22,39). Y si alguno no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les haga mal, sino hágalos bien.

Hermanos: son palabras de nuestro Padre San Francisco. Todos:

En alabanza a tu nombre, Señor

 

b)  Los frutos de la penitencia y la aceptación de la palabra de Dios. (San Francisco, Carta a todos los fieles (1ª. Redacción) BAC. 1985 nn. 1-10, p. 52-53)

Hermanos: Todos aquellos que aman al Señor con todo el corazón, con toda el alma y la mente y con sus fuerzas, y a sus prójimos como a sí mismos, y aborrecen sus cuerpos con sus vicios y pecados; y reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo; y hacen frutos dignos de penitencia; ¡Oh, cuán dichosos y benditos son los hombres y mujeres que practican estas cosas y perseveran en ellas!

 

Porque se posará sobre ellos el Espíritu del Señor y hará en ellos habitación y morada; y son hijos del Padre celestial, cuyas obras realizan; y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo.

Somos esposos cuando el alma fiel se une, por el Espíritu Santo, a nuestro Señor Jesucristo. Le somos hermanos cuando cumplimos la voluntad del Padre, que está en los cielos. Madres, cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo por el amor divino y por una conciencia pura y sincera y lo damos a la luz para el ejemplo de otros.

Son palabras de nuestro Padre San Francisco.


Todos:

En alabanza a tu nombre, Señor

 

a)                  Oración de acción de gracias. Primera Regla (S. Francisco de Asís, Escritos. BAC. Cap. XXIII, nn. 1-10, p. 107-109).

 

b)                  Oraciones e himnos del Oficio de la Pasión. (S. Francisco de Asís, Escritos. BAC. 1985. p. 30- 45).