San Francisco de Asís no era un teólogo, era un hombre apasionado por el Evangelio. Su vida no se fundamentó en libros complejos, sino en unas pocas frases de la Biblia que sintió que Jesús le hablaba directamente.
Si queremos ser radicales a su modo, debemos meditar en estas tres "columnas" de su vida espiritual:
Este texto fue el momento de la "iluminación" de Francisco en la iglesia de la Porciúncula. Al escuchar este Evangelio, sintió que su vida cambiaba para siempre.
El Texto (en esencia): "Id y predicad que el Reino de los Cielos está cerca. Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis. No llevéis oro, ni plata, ni dinero en el cinto, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón..."
La Transformación: Francisco tomó esto al pie de la letra. Se despojó de sus túnicas, bastón y sandalias. Comprendió que el verdadero apóstol vive en la pobreza absoluta, confiando totalmente en Dios.
Para el Laico Hoy: La radicalidad aquí es la gratuidad y el desprendimiento. ¿Estoy usando mi vocación (mi trabajo, mi servicio) para mi propio beneficio o lo doy gratis, con amor, como un don recibido de Dios? ¿Estoy predicando el Reino de los Cielos con la sencillez de mi vestimenta y mis palabras?
Este es el texto que define el discipulado y que Francisco abrazó después de su conversión.
El Texto: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame."
La Transformación: Para Francisco, negarse a sí mismo fue vencer su repulsión natural para besar a un leproso. Fue dejar su vida de vanidad y placer para abrazar la penitencia y la vida dura. Su cruz era la humillación y el servicio a los marginados.
Para el Laico Hoy: La radicalidad es el sacrificio cotidiano. ¿Dónde está tu cruz hoy? En la paciencia con un familiar difícil, en el esfuerzo de ser honesto en un entorno corrupto, o en levantarte temprano para orar. Negarnos a nosotros mismos es preferir la voluntad de Dios a nuestro propio capricho.
Este Evangelio resume el paso fundamental para entrar en la Fraternidad.
El Texto: "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío."
La Transformación: Este versículo convenció a Francisco de que la vida franciscana debía ser una renuncia total a las propiedades, a las rentas y a la seguridad mundana. Era un compromiso de vivir sin nada propio.
Para el Laico Hoy: La radicalidad es la entrega de la voluntad. Como laicos, no renunciamos a la posesión física de los bienes (casa, trabajo), sino a la posesión del corazón. ¿Hay algo en mi vida que me hace decir: "Esto es mío y nadie lo toca, ni siquiera Dios"? El Evangelio nos pide entregar todo nuestro ser, nuestros talentos y nuestra voluntad a Jesús.
Te invito, hermano y hermana, a tomar estos tres textos, ponerlos frente a tu vida y preguntarle a Jesús, como lo hizo Francisco, qué te está pidiendo hoy para vivir el Evangelio radicalmente. ¡Paz y Bien!