La figura de San Fernando III, Rey de Castilla y de León (1198-1252), demuestra que el carisma de la Orden Franciscana Seglar (OFS) abraza todos los estados de vida, incluso la más alta nobleza. Este monarca, crucial para la unificación de los reinos de Castilla y León y el avance de la Reconquista, es honrado por nuestra Familia Franciscana como uno de los más insignes terciarios franciscanos.
Fernando III fue un hombre de armas y de gobierno, un impulsor de la cultura (fundó la Universidad de Salamanca), pero que nunca separó la política de la piedad.
Su vínculo con San Francisco se manifestó a través de gestos profundos de devoción y compromiso evangélico:
Asociación a la Tercera Orden: Por elección personal y fervor, el Rey Fernando se asoció a la Tercera Orden Franciscana (la actual OFS), adoptando una vida de piedad, penitencia y caridad en medio de sus responsabilidades seculares.
Protector de las Órdenes: Fue un mecenas y firme protector de las nacientes órdenes mendicantes, especialmente de franciscanos y dominicos, facilitando su obra de evangelización en los territorios que reconquistaba.
Humildad en la Muerte: Su espíritu de minoridad se evidenció al final de su vida. Se narra que, al momento de recibir la Eucaristía como viático, se presentó vestido con un sayal y una soga de esparto al cuello, imitando la pobreza y la humildad de los penitentes.
San Fernando III, junto a su primo, San Luis IX de Francia, es un modelo luminoso de la santidad laical en el poder. Nos recuerda que nuestra vocación no consiste en huir de las estructuras sociales, sino en ser levadura evangélica dentro de ellas. Su reinado de justicia, su celo por la fe y su ejemplo de austeridad personal son un llamado para que los franciscanos seglares de hoy vivamos los principios de la Regla en nuestros propios ámbitos de influencia, comprometiéndonos con la justicia y la paz.
En el Propio Franciscano, a San Fernando III de Castilla (cuya fiesta es el 30 de mayo) le corresponde la celebración de Memoria Libre.