El Artículo 6 de la Regla de la OFS enlaza nuestra vida interior con la misión externa. Después de definir el centro (Cristo) y los lugares para encontrarlo (Art. 4 y 5), este artículo se enfoca en la consecuencia necesaria de esa vida: la misión apostólica en el mundo. El seglar franciscano, como laico, no puede ser un espectador pasivo.
El artículo establece la identidad bautismal y el compromiso profeso como el motor de nuestra actividad evangelizadora.
"Sepultados y resucitados con Cristo en el Bautismo, que los hace miembros vivos de la Iglesia, y a ella más estrechamente vinculados por la Profesión, háganse testigos e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra."
La Regla fundamenta nuestra misión en dos pilares de la vida cristiana y franciscana:
Sepultados y Resucitados en el Bautismo: Esta es la base de toda vida cristiana. El Bautismo nos hace miembros vivos de la Iglesia (el Cuerpo de Cristo), confiriéndonos la dignidad de hijos de Dios y la participación en el sacerdocio común. Nos llama a la conversión constante (penitencia), muriendo al hombre viejo para vivir la vida nueva de Cristo.
Más Estrechamente Vinculados por la Profesión: La Profesión en la OFS no es un nuevo sacramento, sino un compromiso solemne que intensifica la gracia bautismal. El seglar franciscano asume el Evangelio como norma de vida al estilo de San Francisco, lo que refuerza su vocación laical a la santidad y a la misión.
El artículo define nuestro papel en el mundo con una dualidad poderosa:
Testigos: Esta es la misión por excelencia del franciscano seglar. El testimonio es una irradiación silenciosa y coherente de la vida. Se trata de mostrar a Cristo a través de la alegría, la sencillez, la minoridad, la paz y la caridad en las circunstancias ordinarias de la vida (familia, trabajo, política). El testimonio es la "vida" que el artículo menciona primero.
Instrumentos: Implica ser herramientas activas y disponibles en las manos de Dios para Su obra en el mundo. Un instrumento se deja usar; el seglar se pone al servicio de la misión de la Iglesia, actuando y creando iniciativas.
La Regla establece el orden y el modo de la evangelización, reflejando la sabiduría de Francisco, quien dijo a sus frailes: "Predicad el Evangelio... y si es necesario, usad las palabras".
Con la Vida (Prioridad): El primer anuncio es la coherencia de vida. El seglar es llamado a "dar a luz" a Cristo mediante las obras santas (como dice San Francisco en sus Escritos). Una vida fraterna, justa y humilde es el sermón más elocuente en el contexto secular.
Con la Palabra (Complemento): El anuncio verbal es necesario, pero siempre debe ser consecuencia y confirmación del testimonio de vida. Anunciar a Cristo con la palabra implica participar en el diálogo, la catequesis y la evangelización explícita cuando la oportunidad lo permite.
El Artículo 6 es, en esencia, la carta de ciudadanía y misión del franciscano seglar. Nos recuerda que, al vivir el Evangelio profesado, no solo estamos buscando nuestra santificación personal, sino que estamos obligados, por el Bautismo y la Profesión, a ser la presencia visible y operante de la Iglesia en el corazón del mundo.
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