CAPÍTULO I:
LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR (OFS)[1]
Art. 1. (Consulta la reflexión aquí)
Entre las familias espirituales, suscitadas por el Espíritu Santo en la Iglesia[2], la Familia Franciscana comprende a todos aquellos miembros del Pueblo de Dios, laicos, religiosos y sacerdotes, que se sienten llamados al seguimiento de Cristo, tras las huellas de San Francisco de Asís[3].
En maneras y formas diversas, pero en recíproca comunión vital, todos ellos se proponen hacer presente el carisma del común Seráfico Padre, en la vida y en la misión de la Iglesia[4].
Art. 2. (Consulta la reflexión aquí)
En el seno de dicha familia, tiene un puesto peculiar la Orden Franciscana Seglar, la cual se configura como una unión orgánica de todas las fraternidades católicas, esparcidas por el mundo entero y abiertas a todo grupo de fieles, en las cuales los hermanos y las hermanas, impulsados por el Espíritu a alcanzar la perfección de la caridad en su estado seglar, se comprometen con la Profesión a vivir el Evangelio a la manera de San Francisco con la ayuda de la presente Regla confirmada por la Iglesia[5].
Art. 3. (Consulta la reflexión aquí)
Esta Regla, después del «Memoriale propositi» (1221) y de las Reglas aprobadas por los Sumos Pontífices Nicolás IV y León XIII, acomoda la Orden Franciscana Seglar a las exigencias y a las esperanzas de la santa Iglesia, en las nuevas condiciones de los tiempos. Su interpretación corresponde a la Santa Sede, más la aplicación será hecha por las Constituciones Generales y por los Estatutos particulares.
CAPÍTULO II:
LA FORMA DE VIDA
Art. 4. (Consulta la reflexión aquí)
La Regla y la vida de los Franciscanos seglares es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que hizo de Cristo el inspirador y centro de su vida con Dios y con los hombres[6].
Cristo, don del amor del Padre, es el camino hacia Él, es la verdad en la cual nos introduce el Espíritu Santo, es la vida que Él ha venido a traer abundantemente[7].
Los Franciscanos seglares dedíquense asiduamente a la lectura del Evangelio, pasando del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio[8].
Art. 5. (Consulta la reflexión aquí)
Los Franciscanos seglares, pues, busquen la persona viviente y operante de Cristo en los hermanos, en la Sagrada Escritura, en la Iglesia y en las acciones litúrgicas. La fe de San Francisco que dictó estas palabras: «Nada veo corporalmente en este mundo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y sangre»[9], sea para ellos inspiración y guía de su vida eucarística.
Art. 6. (Consulta la reflexión aquí)
Sepultados y resucitados con Cristo en el Bautismo, que los hace miembros vivos de la Iglesia, y a ella más estrechamente vinculados por la Profesión, háganse testigos e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra.
Inspirados en San Francisco y con él llamados a reconstruir la Iglesia, empéñense en vivir en plena comunión con el Papa, los Obispos y los Sacerdotes, en abierto y confiado diálogo de creatividad apostólica[10].
Art. 7. (Consulta la reflexión aquí)
Como «hermanos y hermanas de penitencia»[11], en fuerza de su vocación, impulsados por la dinámica del Evangelio, conformen su modo de pensar y de obrar al de Cristo, mediante un radical cambio interior, que el mismo Evangelio denomina con el nombre de «conversión», la cual, debido a la fragilidad humana, debe actualizarse cada día[12].
En este camino de renovación, el Sacramento de la Reconciliación es signo privilegiado de la misericordia del Padre, y fuente de gracia[13].
Art. 8. (Consulta la reflexión aquí)
Como Jesucristo fue el verdadero adorador del Padre, del mismo modo los Franciscanos seglares hagan de la oración y de la contemplación el alma del propio ser y del propio obrar[14].
Participen de la vida sacramental de la Iglesia, especialmente de la Eucaristía, y asóciense a la oración litúrgica en alguna de las formas propuestas por la misma Iglesia, reviviendo así los misterios de la vida de Cristo.
Art. 9. (Consulta la reflexión aquí)
La Virgen María, humilde sierva del Señor, siempre atenta a su palabra y a todas sus mociones, fue para San Francisco centro de indecible amor, y por él declarada Protectora y Abogada de su familia[15].
Los Franciscanos seglares den testimonio de su ardiente amor hacia Ella por la imitación de su disponibilidad incondicional, y en la efusión de una confiada y consciente oración[16].
Art. 10. (Consulta la reflexión aquí)
Asociándose a la obediencia redentora de Jesús, que sometió su voluntad a la del Padre, cumplan fielmente las obligaciones propias de la condición de cada uno, en las diversas circunstancias de la vida[17], y sigan a Cristo, pobre y crucificado, confesándolo aun en las dificultades y persecuciones[18].
Art. 11. (Consulta la reflexión aquí)
Cristo, confiado en el Padre, aun apreciando atenta y amorosamente las realidades creadas, eligió para Sí y para su Madre una vida pobre y humilde[19]; del mismo modo, los Franciscanos seglares han de buscar en el desapego y en el uso, una justa relación con los bienes terrenos, simplificando las propias exigencias materiales; sean conscientes, en conformidad con el Evangelio, de ser administradores de los bienes recibidos, en favor de los hijos de Dios.
Así, en el espíritu de las «Bienaventuranzas», esfuércense en purificar el corazón de toda tendencia y deseo de posesión y de dominio, como «peregrinos y forasteros» en el camino hacia la casa del Padre[20].
Art. 12. (Consulta la reflexión aquí)
Testigos de los bienes futuros y comprometidos a adquirir, según la vocación que han abrazado, la pureza de corazón, se harán libres, de este modo, para el amor de Dios y de los hermanos[21].
Art. 13. (Consulta la reflexión aquí)
De la misma manera que el Padre ve en cada uno de los hombres los rasgos de su Hijo, Primogénito de muchos hermanos[22], los Franciscanos seglares acojan a todos los hombres con ánimo humilde y cortés, como don del Señor[23] e imagen de Cristo.
El sentido de fraternidad les hará felices y dispuestos a identificarse con todos los hombres, especialmente con los más humildes, para los cuales se esforzarán en crear condiciones de vida dignas de criaturas redimidas por Cristo[24].
Art. 14. (Consulta la reflexión aquí)
Llamados, juntamente con todos los hombres de buena voluntad, a construir un mundo más fraterno y evangélico para edificar el Reino de Dios, conscientes de que «quien sigue a Cristo, Hombre perfecto, se hace a sí mismo más hombre», cumplan de modo competente sus propios deberes con espíritu cristiano de servicio[25].
Art. 15. (Consulta la reflexión aquí)
Estén presentes con el testimonio de su vida humana y también con iniciativas eficaces, tanto individuales como comunitarias, en la promoción de la justicia, particularmente en el ámbito de la vida pública, empañándose en opciones concretas y coherentes con su fe[26].
Art. 16. (Consulta la reflexión aquí)
Consideren el trabajo como don de Dios y como participación en la creación, redención y servicio de la comunidad humana[27].
Art. 17. (Consulta la reflexión aquí)
Vivan en la propia familia el espíritu franciscano de paz, fidelidad y respeto a la vida, esforzándose en convertirlo en el signo de un mundo ya renovado en Cristo[28].
Los casados particularmente, viviendo la gracia del matrimonio, den testimonio en el mundo del amor de Cristo a su Iglesia. Con una educación cristiana, sencilla y abierta, atentos a la vocación de cada uno, recorran gozosamente con sus hijos su itinerario espiritual y humano[29].
Art. 18. (Consulta la reflexión aquí)
Sientan, además, respeto por las otras criaturas, animadas e inanimadas, que «son portadoras de la significación del Altísimo»[30], y procuren con ahínco superar la tentación de explotación con el concepto franciscano de la fraternidad universal.
Art. 19. (Consulta la reflexión aquí)
Como portadores de paz y conscientes de que la paz ha de construirse incesantemente, indaguen los caminos de la unidad y de la inteligencia fraterna mediante el diálogo, confiando en la presencia del germen divino que hay en el hombre y en la fuerza transformadora del amor y del perdón[31].
Mensajeros de la perfecta alegría, esfuércense permanentemente en llevar a los demás el gozo y la esperanza[32].
Injertos en la resurrección de Jesucristo, que da su verdadero sentido a la Hermana Muerte, tiendan con serenidad al encuentro definitivo con el Padre[33].
CAPÍTULO III:
LA VIDA EN FRATERNIDAD
Art. 20. (Consulta la reflexión aquí)
La Orden Franciscana Seglar se divide en Fraternidades, de diversos niveles o grados: local, regional, nacional e internacional. Cada una de estas Fraternidades tiene su propia personalidad moral en la Iglesia[34]. Las Fraternidades se coordinan y unen entre sí, de acuerdo con lo que se establece en esta Regla y en las Constituciones.
Art. 21. (Consulta la reflexión aquí)
En los diferentes niveles, cada Fraternidad es animada y guiada por un Consejo y un Ministro (o Presidente), elegidos por los profesos, en conformidad con las Constituciones[35].
Su servicio, que dura un tiempo limitado, es un compromiso de disponibilidad y de responsabilidad para con cada uno y para con el grupo.
Las Fraternidades, según lo establecido en las Constituciones, se estructuran internamente de manera diversa, conforme a las necesidades de sus miembros y de las regiones, bajo la dirección del Consejo respectivo.
Art. 22. (Consulta la reflexión aquí)
La Fraternidad local necesita ser canónicamente erigida, y se convierte así en la primera célula de toda la Orden y en signo visible de la Iglesia, que es una comunidad de amor. La Fraternidad deberá ser el lugar privilegiado para desarrollar el sentido eclesial y la vocación franciscana, y, además, para animar la vida apostólica de sus miembros[36].
Art. 23. (Consulta la reflexión aquí)
Las peticiones de admisión en la Orden Franciscana Seglar se presentan a una Fraternidad local, cuyo Consejo decide sobre la aceptación de los nuevos hermanos[37].
El proceso de incorporación a la Fraternidad comprende el tiempo de iniciación, el período de formación, que dura, por lo menos, un año, y la Profesión de la Regla[38]. En este itinerario gradual está comprometida toda la Fraternidad, aun con su estilo de vida. Por lo que se refiere a la edad para la Profesión, y a los signos distintivos franciscanos[39], procédase según los Estatutos.
La Profesión es, de por sí, un compromiso perpetuo[40].
Los hermanos que se encuentren en dificultades particulares, procurarán tratar sus problemas en fraterno diálogo con el Consejo. La separación o definitiva dimisión de la Orden, si fuere necesaria, es un acto que compete al Consejo de la Fraternidad, en conformidad con las Constituciones[41].
Art. 24. (Consulta la reflexión aquí)
Para estimular la comunión entre los miembros, el Consejo organice reuniones periódicas y encuentros frecuentes, incluso con otros grupos franciscanos, especialmente de jóvenes, adoptando los medios más adecuados para el crecimiento en la vida franciscana y eclesial, estimulando a todos a la vida de Fraternidad[42].
Esta comunión se prolonga con los hermanos difuntos, ofreciéndose sufragios por sus almas[43].
Art. 25. (Consulta la reflexión aquí)
Todos los hermanos y hermanas ofrezcan una contribución proporcionada a las posibilidades de cada uno, para sufragar los gastos necesarios de la vida de la Fraternidad o para obras de culto, de apostolado y de caridad.
Las Fraternidades locales procuren contribuir al pago de los gastos del Consejo de la Fraternidad de nivel superior[44].
Art. 26. (Consulta la reflexión aquí)
Como signo concreto de comunión y de corresponsabilidad, los Consejos de los diferentes niveles, según las Constituciones, pedirán religiosos idóneos y preparados para la asistencia espiritual, a los Superiores de las cuatro Familias religiosas franciscanas, a las cuales, desde siglos, está unida la Fraternidad Seglar.
Para fomentar la fidelidad al carisma y la observancia de la Regla, y para recibir mayor ayuda en la vida de fraternidad, el Ministro o Presidente, de acuerdo con su Consejo, sea solícito en pedir periódicamente a los Superiores religiosos competentes[45] la visita pastoral, y a los responsables del nivel superior, la visita fraterna, según las Constituciones.
«Y todo el que guarde estas cosas, en el cielo sea colmado de la bendición del altísimo Padre y en la tierra sea colmado de la bendición de su amado Hijo con el santísimo Espíritu Paráclito...» (Bendición de S. Francisco: Testamento v. 40).
[1] Llamada también Fraternidad Seglar Franciscana, o también T.O.F. o Tercera Orden Franciscana.
[2] Lumen Gentium 43.
[3] Pío XII: Discurso a los Terciarios, I, de 1-VII-1956.
[4] Apostolicam Actuositatem 4, m.
[5] Canon 702, 1.
[6] 1 Cel 18 y 115.
[7] Jn 3,16; 14,6.
[8] Apostolicam Actuositatem 30, h.
[9] Testamento 10.
[10] Pablo VI: Discurso a los Terciarios, III, de 19-V-1971.
[11] 1 Regla TOF.
[12] Lumen Gentium 8; Unitatis Redintegratio 4; Paenitemini, Preámbulo.
[13] Presbyterorum Ordinis 18, b.
[14] Apostolicam Actuositatem 4, a b c.
[15] 2 Cel 198.
[16] Lumen Gentium 67; Apostolicam Actuositatem 4.
[17] Lumen Gentium 41.
[18] Lumen Gentium 42, b.
[19] 2CtaF 5.
[20] Rom 8, 17; Lumen Gentium 7, 4.
[21] Adm 16; 2CtaF 70.
[22] Rom 8,29.
[23] 2 Cel 85; 2CtaF 26; 1 R 7,13.
[24] 1 R 9,3; Mt 25,40.
[25] Lumen Gentium 31; Gaudium et Spes 93.
[26] Apostolicam Actuositatem 14.
[27] Gaudium et Spes 67,2; 1 R 7,4; 2 R 5,1.
[28] Regla de León XIII, II, 8.
[29] Lumen Gentium 41, e; Apostolicam Actuositatem 30, b c.
[30] 1 Cel 80.
[31] Regla de León XIII, II, 9; TC 14 y 58.
[32] Adm 21; 1 R 7,15.
[33] Gaudium et Spes 78,1-2.
[34] Canon 687.
[35] Canon 697.
[36] Pío XII: Discurso a los Terciarios, III, de 1-VII-1956.
[37] Canon 694.
[38] 1 Regla TOF, 29-30.
[39] 1 Cel 22.
[40] 1 Regla TOF, 31.
[41] Canon 696.
[42] Canon 697.
[43] 1 Regla TOF, 23.
[44] 1 Regla TOF, 30.
[45] 2 Regla TOF, cap. XVI.