Ambas Reglas son el Evangelio vivido, pero reflejan dos momentos distintos en la vida de Francisco y de la joven Orden. La transición de la Regla de 1221 (No Bulada) a la de 1223 (Bulada) es un testimonio de cómo el Santo, impulsado por el Espíritu, aprendió a combinar su radicalidad con la obediencia humilde a la Iglesia.
El primer aspecto que salta a la vista al comparar ambas Reglas es su estructura y la manera en que están escritas. La No Bulada es un torrente de inspiración; la Bulada, una joya pulida.
Aquí tienes una comparación visual:
El verdadero significado de este cambio radica en cómo Francisco, movido por la humildad, aceptó que su inspiración divina debía ser moldeada por la necesidad de la Fraternidad y la autoridad de la Iglesia.
La relación con el dinero y las posesiones es un pilar franciscano. Aquí vemos cómo Francisco, sin renunciar a su ideal, lo adaptó para el bien de sus hermanos:
El deseo de Francisco de predicar el Evangelio era inmenso. Sin embargo, con el tiempo, entendió que también la misión requería orden y obediencia:
La transición de la Regla No Bulada a la Bulada no es una derrota, sino una victoria de la humildad. Muestra a un San Francisco que:
Obedece a la Iglesia por amor, incluso si el texto final es diferente a su sueño inicial.
Adapta la Caridad a la realidad: la pobreza debe servir a los hermanos, no ser una carga que impida el cuidado mutuo.
Asegura la Perseverancia del carisma: acepta la estructura jurídica para que su ideal evangélico pueda perdurar por siglos.
Para nosotros, franciscanos seglares, es un recordatorio de que la radicalidad del Evangelio debe ir siempre acompañada de la humildad, la obediencia y la caridad fraterna. ¡Paz y Bien!