ORACIONES PARA COMENZAR Y CONCLUIR LAS REUNIONES DE LOS HERMANOS

 

1.                   Las oraciones que se sugieren en los números siguientes tienen sólo valor indicativo.

 

A)  Al comienzo de la reunión

 

2.                  Reunidos los hermanos y antes de comenzar a tratar cualquier asunto, el Ministro, o quien asume su ligar, puede comenzar así la oración en común:

 

Ministro:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos:

Amén.

 

Ministro:

Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor, y toda bendición.

 

Todos:

Alabad y bendecid a mi Señor, dadle gracias y servidle con gran humildad.

 

Ministro:

Omnipotente, Santísimo, Altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, bien total, que eres el sólo bueno: a ti te tributamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición, y te restituimos todos los bienes.

 

Hágase, hágase.

 

Todos:

Amén.

O también:

 

Oremos. ¡Oh alto y glorioso Dios!, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

 

Todos:

Amén.

3.                  Puede seguir una lectura breve de la Sagrada Escritura (Apéndice, nn. 1-24) o de los escritos de San Francisco (Apéndice, n. 25).


B) Para concluir la reunión

 

4.                  Si fuera oportuno, se deja un tiempo para la oración espontánea o de súplica por las necesidades de la Iglesia y las particularidades de la Fraternidad. Luego, el presidente puede servirse de la oración de Nuestro Padre San Francisco, o de otra apropiada.

 

Ministro:

 

Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, concédenos que por ti mismo, nosotros miserables, hagamos lo que sabemos que quieres y queramos siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purgados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar por su sola gracia, a ti, Altísimo, que en perfecta Trinidad y en simple unidad, vives y reinas y estás revestido de Gloria, Dios omnipotente, por todos lo siglos de los siglos.

 

Todos:

Amén.

 

O esta otra:

Benignísimo Dios, fuente de paz e impulsor de la caridad, concede a tus siervos conformarnos a tu voluntad y superar toda tentación que pueda perturbar nuestra paz.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

 

Todos:

Amén.

 

5.                  Si hay algún sacerdote, puede dar la bendición que escribió San Francisco para bendecir a Fray León, como en la primera parte, n. 18