El Artículo 7 de la Regla de la OFS regresa a la raíz histórica y espiritual de la Tercera Orden: la penitencia. Lejos de ser un concepto anticuado o meramente punitivo, la penitencia franciscana es entendida como la conversión radical y constante, el motor que impulsa al seglar a conformar su vida a la de Cristo, el Señor. Es la respuesta dinámica a la vocación.
Este artículo, por lo tanto, establece la metanoia (cambio de mente y corazón) como el ritmo de vida del franciscano seglar.
"Como «hermanos y hermanas de la penitencia», en fuerza de su vocación, impulsados por la dinámica del Evangelio, conformen su modo de pensar y de obrar al de Cristo, mediante un radical cambio interior, que el mismo Evangelio denomina con el nombre de «conversión»; la cual, debido a la fragilidad humana, debe actualizarse cada día."
Al utilizar esta antigua denominación, la Regla nos conecta directamente con los Orígenes de la Tercera Orden (siglo XIII). Los primeros seguidores laicos de San Francisco eran conocidos como la Orden de la Penitencia. Esto implicaba:
Renuncia al Espíritu del Mundo: Un compromiso de vivir una vida sobria y evangélica, distinta de las costumbres mundanas de la época (evitando lujos, armas, juramentos innecesarios, etc.).
Vida de Piedad y Caridad: Dedicación a la oración, la limosna y la observancia de la paz.
Esta herencia nos recuerda que nuestro llamado no es una simple asociación, sino una forma de vida centrada en la penitencia como virtud fundamental.
El artículo explica que la penitencia es, en esencia, la conversión, un concepto bíblico de profundo impacto:
Radical Cambio Interior: Se refiere a una transformación que afecta la totalidad de la persona; no solo las acciones externas, sino el modo de pensar y el modo de obrar. Significa adoptar la mente de Cristo (Fil 2, 5), pensando como Él pensó, amando como Él amó y sirviendo como Él sirvió.
Impulsados por la Dinámica del Evangelio: La fuerza para este cambio no viene de la propia voluntad, sino de la gracia y de la fuerza transformadora del Evangelio, que es el motor de toda nuestra vida.
La frase final del artículo es crucial, pues aterriza el ideal en la realidad de la fragilidad humana:
Debido a la Fragilidad Humana: La OFS reconoce que el pecado y la debilidad no desaparecen tras la Profesión. La vida es un proceso, no un punto de llegada.
Actualizarse Cada Día: La conversión no es un evento único (como el Bautismo o la Profesión), sino un esfuerzo diario y continuo (cotidie converti). Implica una vigilancia constante, el reconocimiento humilde de las propias faltas y el recurso frecuente al Sacramento de la Reconciliación, signo privilegiado de la misericordia del Padre (Art. 10).
El Artículo 7 es el latido del corazón franciscano. Es el recordatorio constante de que, aunque vivimos en el mundo, estamos llamados a ser agentes de la renovación evangélica mediante nuestra propia y perseverante transformación personal.
Pregunta para la reflexión: ¿En qué aspectos concretos de mi vida (pensamientos, hábitos, relaciones) siento la necesidad de que esta "conversión diaria" se manifieste con más fuerza?
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