El Capítulo VI del Estatuto Nacional (Artículos 131 al 150) nos habla de un momento muy especial de encuentro y comunión: La Visita Fraterna y Pastoral.
A veces, cuando escuchamos la palabra "visita" o "inspección", nos ponemos un poco tensos. Pero en nuestra espiritualidad, la visita es un encuentro de hermanos que se quieren y se cuidan.
El Estatuto nos dice que estas visitas tienen como objetivo principal reanimar el espíritu de la fraternidad y asegurar que estemos viviendo según nuestra identidad franciscana.
Aunque ocurren juntas, tienen enfoques diferentes que se complementan:
La Visita Fraterna: La realiza un hermano de la Orden Franciscana Seglar (OFS). Su objetivo es ver cómo estamos como hermanos, cómo va nuestra formación, nuestras finanzas y nuestras actividades. Es un acompañamiento de "hermano mayor".
La Visita Pastoral: La realiza el Asistente Espiritual (generalmente un fraile). Su enfoque es cuidar nuestra vida de oración, nuestra fidelidad a la Iglesia y nuestra salud espiritual.
No son para buscar errores o castigar, sino para:
Fortalecer: Animarnos a seguir adelante cuando estamos cansados.
Corregir con amor: Ayudarnos a ver cosas que quizás no estamos haciendo tan bien y darnos consejos para mejorar.
Vivir la comunión: Recordarnos que somos parte de una Iglesia y de una Familia Franciscana mucho más grande.
El Estatuto marca que estas visitas deben hacerse periódicamente (por lo general cada tres años o antes de las elecciones). El visitador platica con el Consejo y con todos los hermanos, revisa los libros de actas y, al final, entrega un documento con sugerencias y recomendaciones para que la fraternidad siga creciendo.
Para que pierdan el miedo a la visita y entiendan su importancia, prueben este ejercicio en su fraternidad:
Lectura: Lean el Artículo 132 sobre la finalidad de la visita.
La Metáfora: Imaginen que su fraternidad es una casa. A veces, los que vivimos dentro ya no notamos si un foco está fundido o si una pared necesita pintura porque nos acostumbramos a verla así.
Reflexión: El visitador es ese amigo que viene de fuera y nos dice con cariño: "Oye, hermano, ¿te habías fijado que este foco ya no prende?".
Pregunta: Si hoy llegara el visitador a nuestra fraternidad, ¿Qué es lo que más orgullo nos daría enseñarle y qué es lo que nos daría un poco de pena?
Compromiso: Prepárense para su próxima visita oficial no con miedo, sino con alegría, ordenando sus cosas y disponiendo el corazón para escuchar los consejos que nos traen en nombre del Señor.
Hermano, el Capítulo VI nos recuerda que el que se aísla, se pierde. La visita es la mano que Dios nos extiende a través de la OFS y de los frailes para decirnos: "Vas por buen camino, ¡no te rindas!". Recibamos siempre a nuestros visitadores con el corazón abierto y una gran sonrisa.